Martin Fierro nací como nace el peje



El “Martín Fierro” del escritor José Hernández, lo compré en setiembre de 1982 en la Librería del Hotel de la ciudad de Salta. Es el único libro sobreviviente de mis andanzas puesto que aún lo tengo aquí en Japón.
A Salta fui con una carta de recomendación dirigida a un dueño de estancia para que me dé trabajo. Cuando me acerqué a un grupo de personas mayores que vestían chiripá, poncho y facón y pregunté por el estanciero, me respondieron más o menos así:
“¡Qué ingenuo eres changuito!, ¡Esa paloma hace tiempo que voló!,
Los ricos tienen el olfato bien desarrollado que les sirve entre otras cosas para oler quién es de origen humilde y cuándo la patria peligra. Cuando la patria peligra ellos huyen al extranjero y se llevan su dinero porque para eso estamos nosotros, los gauchos, para defender a la patria, como hace poco lo han hecho nuestros hijos luchando en Las Malvinas”.
Es lo mismo que dijo Martín Fierro en su sextilla número 280.

NACÍ COMO NACE EL PEJE

Nací como nace el peje
en el fondo de la mar;
nadie me puede quitar
aquello que Dios me dio:
lo que al mundo traje yo
del mundo lo he de llevar.


Con penas como un rosario
a veces me desoriento
por eso yo busco al viento
pa’ no ponerme al contrario.
Yo soy hombre solitario
no tengo quien me aconseje,
de la tierra no soy eje
y aunque sea racional
nací como un animal
nací como nace el peje.

En vaivén que es su destino
la mar en olas abunda,
mas en su sima profunda
el movimiento es cansino.
Yo desde el fondo marino
he salido pa’ boyar,
nadie se debe alarmar
y ¡menos! la gente instruida
puesto que también hay vida
en el fondo de la mar.

Ya en la superficie vistos
los intereses del hombre
hay unos que pa’ renombre
quieren estar bien provistos.
No se empeñen estos listos
que gustan de escamotear
pues irán a fracasar
con persuasión o fiereza
lo que tengo en la cabeza
nadie me puede quitar.

Yo que siempre ando en el llano
les voy a decir que un día
en premio a mi poesía
me brindaron el rellano.
En su codicia otro humano
¡ya con envidia me vio!
mas si el Señor repartió
con su mano justiciera
yo defiendo a mi manera
aquello que Dios me dio.

Lejos de los vates duchos
yo me mantengo en la sombra
situación que no me escombra
¡pues yo quemo mis cartuchos!
Errores cometo ¡y muchos!
porque nadie me enseñó,
notará quien me escuchó
que solo verso la prosa
y miren que no es gran cosa
lo que al mundo traje yo.

Que la vida me derrote
¡el colmo sí que sería!
por lo tanto con baquía
me aparto del chapapote.
Para mantenerme a flote
lo único que sé es bregar,
mas lo que traje al llegar
a este mundo no fraterno
para el cielo o el infierno
del mundo lo he de llevar.

© 2005 Luis Bárcena Giménez

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